La Vega Baja del Segura y los relieves circundantes de la Cordillera Bética esconden un subsuelo muy heterogéneo donde las arcillas expansivas del Mioceno se intercalan con costras calizas y conglomerados. En una ciudad como Murcia, con más de 450.000 habitantes y una actividad sísmica que la normativa NCSE-02 cataloga con una aceleración sísmica básica de 0.12g, ignorar la geometría del basamento rocoso es un riesgo técnico que ningún proyectista debería asumir. La tomografía sísmica de refracción/reflexión se ha convertido en la herramienta indirecta más resolutiva para perfilar estos contrastes sin meter una máquina de sondeos en cada esquina. Para proyectos de edificación sobre suelos coluviales en pedanías como El Palmar o Espinardo, donde el espesor del cuaternario varía en pocos metros, nosotros solemos combinar esta técnica con un ensayo CPT para validar la resistencia en puntos críticos o con sondajes SPT cuando se necesita una muestra para clasificar la matriz fina según ASTM D2487.
Un perfil de velocidades de cortante (Vs) permite calcular el módulo G₀ sin alterar la estructura natural del suelo, un dato que los ensayos de laboratorio en muestras remoldeadas no pueden reproducir con fidelidad.
