La transformación de Murcia durante el último medio siglo, con la expansión de barrios como La Flota o Vistabella sobre la fértil llanura aluvial del Segura, ha puesto a prueba el conocimiento del subsuelo. La ciudad, con sus 460,000 habitantes en el área metropolitana, se asienta sobre un complejo sistema de terrazas fluviales y depósitos cuaternarios que alternan gravas, arenas y limos de permeabilidad muy variable. En este contexto, los ensayos de permeabilidad en campo tipo Lefranc y Lugeon dejan de ser un mero trámite para convertirse en una herramienta diagnóstica imprescindible. No es lo mismo estimar el flujo en un sondeo sobre la calle Correos que en un solar junto al Malecón: la heterogeneidad vertical y lateral exige datos puntuales. Por eso, cuando el ensayo CPT aporta la estratigrafía continua, el complemento con un ensayo de permeabilidad in situ permite cuantificar el parámetro hidrogeológico clave para cualquier excavación o cimentación profunda en la capital del Segura.
En la Vega Baja de Murcia, un metro de diferencia en el nivel freático puede cambiar el diseño de una pantalla de impermeabilización: el dato de campo manda.
