Excavar en el centro histórico de Murcia, cerca de la Catedral, no tiene nada que ver con abrir un sótano en una parcela nueva de Espinardo. En el casco antiguo encontramos rellenos antrópicos y cimentaciones medievales que exigen un control milimétrico, mientras que en la vega baja del Segura el problema principal es un nivel freático que sube en cuanto se profundiza más de tres metros. Hacer un seguimiento instrumental durante la excavación no es un lujo normativo; es la única forma de detectar deformaciones antes de que se conviertan en daños irreversibles. Combinamos este control continuo con técnicas complementarias como los sondajes SPT para verificar la competencia del terreno a distintas cotas, lo que nos permite ajustar el modelo geotécnico con datos reales según avanza la obra.
Un inclinómetro bien leído previene un juicio mal ganado. En Murcia, la heterogeneidad del terreno no perdona improvisaciones.
