La Vega Baja y la huerta murciana esconden bajo su superficie un entramado de suelos arcillosos y limos que se expanden y contraen con el agua como pocos materiales en la península. En Murcia, donde las lluvias torrenciales de otoño saturan el terreno en horas y el sol del verano lo reseca durante meses, un pavimento rígido mal calculado no dura ni dos temporadas. Cuando trabajamos en polígonos como el de San Ginés o en nuevas urbanizaciones del sur de la capital, lo primero que miramos es la capacidad portante del terreno y su índice de plasticidad, porque ignorar esa arcilla expansiva es la receta perfecta para un agrietamiento prematuro. Para obras donde la resistencia al tráfico pesado manda, a veces complementamos la campaña con un ensayo CPT que nos da un perfil continuo sin alterar la muestra, ideal cuando hay lentejones de arena bajo la capa vegetal.
En Murcia, la diferencia entre un firme que dura 30 años y uno que se agrieta en cinco está en cómo gestionas la retracción térmica y la expansividad del terreno.
